Rodando por una colina,
llegamos a la meta asignada.
Caemos en un colchon de margaritas.
Como si fuera obvio,
su mano se desliza por mi espalda.
Me atrae hacia el,
y sorprende a mis labios.
Con ese fuego especial,
que provoca cuando me toca,
seguimos rodando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario