martes, 7 de diciembre de 2010

Tarde

No entiendo como acepte venir acá.
Las pobres enfermeras pasan corriendo de un lado a otro, con jeringas, medicamentos, camillas y el miedo y la desesperacion reflejados en sus caras.
Cada tanto suenan alarmas o se oyen gritos de algún paciente que se niega a ser atendido, y los médicos, al borde del colapso, trabajan sin descanso. Me encuentro en el pasillo, esperando que alguien me atienda y me de el numero de la habitación que estoy buscando pero las recepcionistas, ya mimetizadas con el lugar, están tan locas como los pacientes y pareciera que no escuchan ni ven. Finalmente decido buscar por mi cuenta, porque si me quedo quieto un segundo mas huyo.


"Mire dentro de cada habitación del piso donde me hallaba, dos veces, pero no la encontré. Comencé a desesperarme, baje las escaleras y busque en cada rincón del internado. Vi cosas espantosas, pero no me afectaban como yo creí que lo harían.
Pero ella no estaba.
Perdí el equilibrio y caí en el suelo. Comencé a llorar. Una enfermera me confundió con un paciente y se mantuvo al lado mio hasta que logre calmarme y explicarle...
¡No esta madre, no esta!
No llegue a tiempo, ella abandono este mundo antes de que pudiera despedirme. Ojala no me hubiera obsesionado con mi tonto trabajo, ojala alguien me hubiera advertido antes. Pero ahora ya es tarde, no he llegado, y ella se ha ido sin saber cuanto la amo.
Yo sabia en lo que me metía al enamorarme de alguien tan desesperanzado como ella, y no me hice cargo.
Creo que nadie le dio el amor necesario para sentir que su vida valía algo. Ese era mi deber y no lo cumplí. Ya no tengo esperanzas en esta vida, prefiero seguirla a ella, ya que quiero recuperar mi corazón.
Adiós, busquenme en el cielo. El único lugar donde podre ser feliz, junto a ella."

No hay comentarios:

Publicar un comentario