Curada.
Y a salvo.
La enfermera se acababa de ir. Después de dos semana aquí ya casi eramos intimas amigas. Ella era una de las personas que había ido por mi en el bosque, y reconoció mi rostro. Habíamos sido compañeras en un curso de baile, cuando teníamos quince años. Yo solicité que sea mi enfermera personal.
Era el momento del día en el que me dejaban un rato para mi sola, a mi pedido. Ya las cosas se habian aclarado en mi mente, y necesitaba tiempo para digerirlas, sin que nadie me interrumpiera, observara o revisara.
Los primeros dos días aquí los pase durmiendo, sin despertar una sola vez, ya que había sufrido de varias operaciones de las cuales tuve que descansar. Para ello me habían dado tranquilizantes e incluso morfina, ya que según estudios mi cerebro seguía demasiado activo para una recuperación adecuada.
Al despertar millones de familiares me habían ido a recibir. Curiosamente me acordaba de todos, cosa que los médicos dudaban. Ahí me entere de muchas cosas, y pude terminar de armar mi historia.
Hace dos semanas yo volvía de vacaciones con mi hermana, al llegar al departamento que compartiamos en la ciudad unas personas subieron a nuestro auto y nos dieron indicaciones de un lugar a donde ir. Se colocaron en el asiento de atrás con un arma en la cabeza de las dos, y no tuvimos mas opción que obedecerles.
Llegamos a un lugar en el bosque donde nos separaron, yo seguí manejando el auto, con dos desconocidos en el asiento trasero. Me llevaron a un claro, donde la neblina dominaba todo, y ellos bajaron. Me amenazaron con que si hacia algo indeseable para ellos mi hermana moriría, y arrancaron los espejos retrovisores para que no los pudiera ver. Mi alma rebelde no les hizo caso, y sin pensarlo salí disparada con el auto. No llegue muy lejos, ya que pude divisar un barranco, por lo que frene de golpe y quede empantanada en el barro.
No tenia opción. Si avanzaba, caería. Si retrocedía, moriría. Caí en la cuenta de lo que había hecho, y que mi hermana seguramente no viviría por mucho mas, en consecuencia de mis acciones. Pero aguardaba la esperanza de que hubieran perdido el auto entre los arboles. De repente ellos estaban allí de vuelta, dentro del auto. Me sujetaron al asiento y de una manera extraña mi mente queda en blanco en esa parte de la historia.
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