viernes, 24 de septiembre de 2010

Hinóptico. Septima Parte.

Callada.
Vendada.

Comenzaba a acostumbrarme al silencio absoluto, a mi secuestrador, a la ceguera, a las vendas en mis manos y a que leyeran mi mente.
Él, mi secuestrador, siempre había estado escuchándome, sus apretones eran asentimientos a mis pensamientos. Me sentía violada, investigada de una manera ilegal, ya que comprendia que ahora mismo el me estaba escuchando.
Volvió a apretar mis hombros. Me di cuenta de que no podría planear ningún ataque ya que el lo vería. Apretón. Ya comenzaba a molestarme. Acaso pensaba hacerme la vida imposible sin hablarme. El silencio me gustaba pero esto era irritante. Además, los apretones comenzaban a molestarme.
Comencé a sentir unas puntadas en el pecho. Y el estomago se me revolvía. Ignore los dolores, pero no lo logre. Mi secuestrador no hizo mas que empujarme el pecho.
_Nooooo!- Grite. El me ignoro y siguió presionándolo. Comencé a llorar, gritar y patalear. Pero seguía presionando mi pecho.
No aguante mas, y me rendí. Me quede quieta y le di una trompada a la persona que me estaba lastimando. Pero mi mano pareció impactar contra una roca. El dolor en todo mi cuerpo se multiplico. Me faltaba el aire.
De repente la oscuridad desapareció, había logrado sacarme la venda que me impedía ver. Pero ahora solo había una luz blanca brillante, la cual me dejaba ver menos aun. Pero no me importo, seguí el origen de esta, pretendiendo llegar a algún lugar.
Ya nada me retenía, nada me cubría y nada me ataba. Mi secuestrador me había dejado ir. O al menos eso creía.
Sus labios ardientes presionaron los mios.

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