El sendero era interminable.
Atascada como estaba. Menos llegaría.
Sabia que no debía meterme en aquel claro, la tierra estaba fresca todavía por las lluvias de los últimos días. Estaba enterrada hasta las rodillas, y no tenía donde apoyar mis manos para salir. Todo era barro alrededor.
Agarré una rama que había cerca, para tocar el suelo que me rodeaba y ver donde estaba seco. Mi decepción fue grande al comprobar que no tenia escapatoria. ¿Que haría? Mi primer idea fue llorar, no podía creer que me había vuelto tan ciega como para no ver que esto me pasaría. Comencé a jugar con el barro mientras tanto, y descubrí la raíz de un árbol lejano. Imposible que una planta pudiera crecer en un suelo así.
Me tomé fuerte de la raíz e hice toda la fuerza posible con mis brazos, fortaleciendo el abdomen para no cansarme tanto. Mis años de campamentos y excursiones comensaban a rendir. Luego de mucho esfuerzo la pierna derecha ya estaba afuera. Trate de mantenerla en alto para no tener mas problemas, a pesar de que lo hacia mas dificultoso. Tenia barro hasta en la cara, pero no me importo esta vez. Intente centrarme en la fuerza que debería hacer, y al rato me encontraba libre.
Salí corriendo de vuelta a mi auto, volviendo por el mismo sendero. Corrí y corrí, y nunca sentí cansancio.
Hasta después de un rato, cuando me percate de que mi auto nunca aparecía..
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