No quise moverme.
No quise respirar.
Seguía en el suelo. Estaba intentando no hacer movimiento alguno por miedo a estropear las cosas. Sabia que había alguien mas a parte de mi secuestrador y yo, aunque no se oyera ningún ruido.
Así era, no se oía nada. Llegue a pensar que me habían tapado los oídos, hasta que volví a escuchar el ladrido de un perro. Esta vez el ladrido había sido muy cerca, posiblemente en el mismo claro en el que me encontraba. ¿Estaríamos acompañados de un perro? Su ladrido me hizo dar cuenta de que era un perro grande, seguramente estaba entrenado y lo usaban para ocasiones como estas.
Deje de lado ese asunto y me percate de un detalle. De algo importante. Tal vez solo era sensacion mía, tal vez no. Pero algo en mi interior me decía que así era. Yo no oía nada, ningún sonido ni ninguna voz, lo que no quería decir que estábamos allí simplemente mirando, o mejor dicho, mi secuestrador estaba mirando. Una conversación se desarrollaba en silencio, mi secuestrador estaba conversando con alguien mas, sin palabras, si no por pensamientos.
Me puse a pensar como podría haber llegado a esa conclusión, mi mente siempre había sido muy estructurada para pensar cosas tan inentendibles como estas.
_Lo haré- Dijo mi secuestrador a la otra persona. El ruido de unas llantas desapareció a lo lejos.- Vos, chica, no estas tan errada.- Estaba segura que me hablaba a mi ahora.
¿Acaso leía mi mente? Me volvió a apretar fuerte los hombros, demostrándome que estaba en lo correcto. Intente algo: "Idiota" pensé. Y una mano firme impacto en mi cara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario